ASÍ PIENSO, ASÍ ESCRIBO

Cada noche, en La Voz Silenciosa, hago un comentario personal. Es este que aquí aparece, con la intención de dejar constancia escrita del mismo.

31 de marzo de 2010

LA CORONA DE LATA

Me siento mensajero de cuentos y pongo al cielo por testigo que vuelvo a la niñez leyéndolos. Y quizá, embriagado por lo simple de ellos y por lo mucho que se puede aprender de tan poco, me convierto en embajador de lo narrado aunque sea anónimo y os lo leo para que lo gocemos en común.

Había un pobre sin morada fija. No poseía nada, ni casa, ni huerto, ni siquiera un asno.
Sobrevivía mendigando y recogiendo frutos salvajes; vestía un sobretodo descosido y escondía su cabeza pelada en un sombrero verdoso.
Pero no era infeliz. Se contentaba con vivir, contemplar el cielo, beber en la fuente. No deseaba nada. Y cuando no se desea nada se termina siendo casi feliz.
Un día, dando vueltas por las calles de una ciudad vio en la cabeza de un chaval pobre una vieja corona de lata adornada con cascabeles.
A cada movimiento del chaval las campanillas resonaban: dindán, dindán. ¡Qué maravilla!
El mendigo, aunque sabio hasta aquel día, quedó con la boca abierta. ¡Qué hermosura, poder arrojar el sombrero verdoso y ponerse en la cabeza aquella especie de anillo brillante que resonaba sin descanso!
Había nacido en su corazón inocente el primer deseo. El primero de una serie ilimitada. Había terminado la paz.
Desde aquel día el mendigo dejó de explayarse mirando las nubes, de zambullirse en el riachuelo, de coger moras y madroños. Soñaba con la corona de latón como jamás ningún príncipe ambicioso había soñado el emblema del poder imperial. Se volvió triste, hasta huraño.
Entonces pensó ofrecerle sus servicios al chaval de la corona de lata. ¡Qué brillante era, cómo sonaba alegre! Ya podía ser feliz el pobre mendigo.
Pero no lo era. Cada vez que resonaba un cascabel, un nuevo deseo se le encendía en el corazón. Deseaba todas las cosas más absurdas, todas las dulces, vanas e irresistibles bagatelas del mundo.
Entonces comprendió que su corona de lata no era más que un capricho, incapaz de darle otra cosa que no fuera intranquilidad y desorden.
Y con un profundo suspiro devolvió al chaval su corona de lata. Y volvió a sentirse libre y casi feliz.
SED FELICES.

30 de marzo de 2010

SI ES QUE SOMOS DE LO QUE NO HAY


Todos los días, cuando escucho las noticias. Cuando veo las imágenes de lo que acaece en nuestro entorno cercano y lejano, me doy cuenta de lo que hemos avanzado. Cuando pequeño esperábamos un periódico (no recuerdo si semanal, quincenal o mensual) que traía hasta nosotros los sucesos más sangrientos, explicados de forma retórica y plena de colorido (aunque fuera rojo sangre). Y leíamos y no dábamos crédito a lo que allí se nos narraba. Simplemente nos parecía que todo eso ocurría tan lejos de nosotros que nunca nos alcanzaría.
Hasta que empezó a aparecer Murcia también. Recuerdo el crimen de la estanquera de la plaza de la Cruz Roja. Y yo, que por aquél entonces debía tener como 5 años, no lo leía, pero lo escuchaba a mis mayores, que bajando la voz, decían: ha sido aquí en Murcia. Parece mentira. Y dicen que ha sido… Y comenzaban las cábalas. Las sospechas, las correveidiles de turno que llevaban los rumores de una punta a otra de la ciudad. Es decir, del Barrio (el del Carmen por supuesto) hasta la Plaza de Santa Isabel, que no más allá llegaba el casco urbano de Murcia.
Y después fue in crescendo la violencia, el índice de mortalidad por crímenes. Casos conocidísimos y famosos de por vida. Misterios sin resolver. Pero eso sí, cada vez más y más cerca. Ya no era en la región de Murcia. Ahora se producía en el barrio en que vivíamos. Luego en la calle de al lado.
Y más tarde, no uno, sino dos en un año. Y al mes, y luego casi a diario, como sucede en estos momentos.
Dios, ¿cómo hemos podido llegar a esto? ¿Es esto la globalización? Porque la culpa no es de que antes éramos menos y que los medios no llegaban. No. Antes o después nos enterábamos de lo que pasaba más allá de nuestros límites regionales.
Lo que ocurre es que nos hemos empeñado en conseguir cosas en algunos casos inalcanzables. Y hay quien no se ha dado cuenta de que cuando no se puede, lo mejor es renunciar a pesar del disgusto y la frustración. Que lo que no es para ti, pues simplemente no lo es. Y como decimos en Murcia, lo que es es.
Pues no, ahora incluso la pareja si no es nuestra (porque no puede serlo eternamente, porque cambian los quereres y todo eso), hay algunos que piensan que esto no se puede consentir. Que esto es mío y de nadie más. Y eso, amigo mío (me dirijo al descerebrado que piensa de ese modo) no es así. Como dice el refrán español: Agua que no has de beber… O aún más: A enemigo que huye, puente de plata. Pero, déjalo hombre, déjalo y busca por otros lugares.
Y en el mismo sentido, con el trabajo, con el coche que deseas… que no puedes conseguir por la fuerza lo que no eres capaz por naturaleza o por oportunidades.
Que la vida es como es. Y la felicidad consiste en tomarla de esa forma. Y desgraciadamente, unos vivirán en la opulencia y otros en la riqueza. Y otros en medio, pero felices. Eso sí que está al alcance de todos. Aunque es difícil, lo sé, pero posible. ¿O alguien lo duda? Pues, vamos a intentarlo al menos. Que no digan que no hemos hecho todo lo posible.
SED FELICES

29 de marzo de 2010

Y QUÉ DOLOROSA TAMBIÉN


Días atrás hablaba de lo hermosa que es una lágrima, pero omití unas lágrimas muy importantes, quizá porque en ese momento, hice lo que todos, olvidarme de momentos amargos.
Decía en mi comentario que hay lágrimas de dolor, de sufrimiento… Pero dejé unas en el tintero: las lágrimas de amargura. También nacen del corazón o del alma. Son esos vómitos de tristeza que llegan a ser tan fuertes que no puedes evitar que te suban hasta los ojos, y que, una vez allí, se instalen en forma de lágrimas que esta vez, cuando discurren por las mejillas, en vez de producir calor, te abrasan.
Y hasta el sabor en vez de salado te recuerda al acíbar. Es más denso, más espeso, más… triste. Y es una sensación tan fuerte, que terminas llorando de forma convulsa, sin poder contener los temblores de todo tu cuerpo.
Que diferencia entre una y otra lágrima. La de felicidad y la de amargura. Tienen el mismo punto de partida y sin embargo, no dejan la misma sensación.
Esta noche, no me siento precisamente pródigo en mis pensamientos. Han sido un sinfín de noticias luctuosas. Muertes por violencia doméstica o de género. ¡Qué me importa a mí cómo se les llame a esos asesinatos incalificables! Los tengo un poco atrofiados. Y también a los que se han dado en Rusia por acérrimos terroristas que se han inmolado, eso sí, llevándose por delante a un montón de inocentes. En eso sólo se distingen unos animales de esta calaña de los otros de aquí, de España, los de la ETA, esos matan, pero ellos se van de rositas.
Todos los días no son iguales. No producen ni los mismos frutos, ni mucho menos en igual cantidad. Hoy toca sequía. Pero mañana, prometo ser más explícito. Y quizá un poco más alegre.
Lo que no podía era dejar de hablar de lo que ayer me dejé en el tintero y que hoy, por estos condenables sucesos, he sentido en lo más profundo de mí. Las lágrimas amargas. Espero que ninguno de vosotros las derrame en mucho tiempo. Mejor nunca jamás.
SED FELICES.

26 de marzo de 2010

TODO TIENE SU EXPLICACIÓN Y SU TIEMPO

Pasan los años, cada vez más por cierto. Los hijos se hacen mayores. Y se regalan y te regalan savia nueva. Van llenando tu vida de pequeños detalles, hombrecitos a los que ves crecer y a los que intentas acompañar, si te dejan, para ir enseñándoles el camino. Más bien para ir completando aquello que sus padres les enseñan, suavizando un poco el rigor paterno-materno, lógico y natural por otra parte.
Cada vez que alguien es abuelo, hay un amigo o conocido (de lo segundo abundan, lo primero es muy escaso) que te dice: “Ahora a mimarlo y a malcriarlo”. Y digo yo: ¿Y por qué hemos de malcriarlos? A ver si ponemos las cosas un poco en claro. Los padres han de ser rígidos y llevar a sus retoños por el camino más recto posible. Es su responsabilidad hacerles ver que la vida no es fácil y que precisa de sacrificio y esfuerzo. Que todo lo que se hace tiene un sentido y que el futuro hay que labrarlo desde muy jovencitos. Esa es su misión, que ya es bastante difícil, como lo fue nuestra en su momento con ellos.
Pero recuerdo en la “mili”, también ha pasado tiempo ¡qué bárbaro! Allí eran el sargento y el capitán los que se encargaban de amargarte, achuchándote a todas horas, no dejándote respirar “para que te hicieras un hombre” (como si con 21 años fueras un crío) y cuando andabas medio abatido y triste, con morriña de tu casa y añoranza de tus padres, aparecía el teniente de la escala universitaria para hacer de paño de lágrimas y suavizar tu desesperación.
Pues algo así hacemos los abuelos. Simplemente, apuntalamos lo que han dicho los padres, haciéndoles comprender a esos muñequitos en formación, que tienen razón, que lo hacen por su bien, que todo lo que les regañan es porque han de comportarse de otra forma. Y les ofreces ternura y comprensión de forma diferente a como lo hacen sus padres. Pero es simplemente eso, cuestión de matices y de tonos.
A lo que voy, que encima hoy tenemos una esperanza de vida mayor, nuestros hijos trabajan ambos porque no está el sobaco pa farolillos y los abuelos pues, eso, como los buenos amigos, para abusar de ellos.
Por mí, que abusen. Mientras el cuerpo aguante…
SED FELICES

25 de marzo de 2010

AHORRAR O ADMINISTRAR


AHORRAR: 1. Reservar alguna parte del gasto ordinario. 2. Guardar dinero como previsión para necesidades futuras. 3. Evitar un gasto o consumo mayor.
ADMINISTRAR: Graduar o dosificar el uso de algo, para obtener mayor rendimiento de ello o para que produzca mejor efecto.
Y me pregunta Arpelio, mi gnomo preferido: ¿Qué quieres decir con esto, Voz? ¿A qué esa incursión en el Diccionario?.
La respuesta es bien sencilla. Escucho a sesudos economistas en el programa 59 segundos, hablar de economía. De la conveniencia o no de subir el IVA. El programa del Gobierno de Economía sostenible. De la proa que nos han puesto en Europa, sobre todo Alemania y Francia. De la aclaración que le han pedido de ese proyecto al Sr. Zapatero. Y escucho con atención. Son estos señores, ya talluditos casi todos, avezados en el arte de la economía. Tienen, han tenido o tendrán puestos importantes. Hablan de Japón, del problema de Grecia, al que pretendemos ayudar con 2.000 millones de euros (yo creía que no teníamos dinero) y de que lo que al país heleno le ocurre lo vamos a heredar nosotros y Portugal.
También escucho que el consumo se ha reducido, pero que se ha estancado, es decir, ni sube ni baja. Y eso parece que es bueno. Luego escucho la palabra mágica. Dicen que gracias a la subida de los impuestos y por tanto de los precios, llegaremos en España al ahorro.
¡Me quedo muerto, morío, matao! Como dice mi amigo JaviGrillo.
Menos mal que hay alguien que sale y explica un poco este tema. Bueno, primero dice que él hace ya años y antes de que le dieran el infarto que lo retiró de la política (hablo del cordobés Julio Anguita), él ya decía que se proclamaba Europeo pero no europeísta. Que no compartíamos con el resto prácticamente nada, pero que había que estar ahí.
Pero entonces agarró la palabra malintencionada (según yo) y dijo que ahorrar se tiene en casi todos sitios por guardar algo de dinero. Y no por lo que aquí se quería indicar: los españoles estamos, muchos, en un momento en que recuerdo mi casa cuando pequeño. Se hacía comida, por ejemplo cocido, y teníamos para toda la semana. Una casera los domingos, si había suerte. Embutido, poco, en pan, mucho. Eso es lo que mi madre y tantas otras madres de entonces hacía.
Y eso, señores economistas no es ahorro. Eso es administración. Lo que tienen ustedes que procurar es que tengamos más que administrar para poder darnos algún caprichito. Una cervecita, un poquito de jamón. Que no digo cigalas ni nada de eso.
Y algunos solo tienen para pagar los gastos ineludibles y no las hipotecas ni los préstamos al consumo. Así los bancos no van a capitalizar para invertir. Pero pienso, que si les toca perder un poco, que se aguanten, que siempre son los que ganan.
SED FELICES.