ASÍ PIENSO, ASÍ ESCRIBO

Cada noche, en La Voz Silenciosa, hago un comentario personal. Es este que aquí aparece, con la intención de dejar constancia escrita del mismo.

13 de abril de 2010

UNA DE REFLEXIÓN


Pienso yo: aunque no estemos en época de reflexión, ¿por qué no lo hacemos sobre qué es lo mejor para España? No se trata de la lucha entre la izquierda y la derecha, que eso ya no existe casi. Esos prebostes de la política que son enemigos irreconciliables amparados en la verborrea y la falta de escrúpulos en que se ensucian como gorrinos en un charco.
Que hay muchos mindundis que se dedican a enfrentarnos. Como si quisieran que estuviéramos eternamente enfadados. Para que seamos más fáciles de dirigir. Porque es indudable que tenemos simpatías por alguno de ellos. Eso es incuestionable.
Pero quizá, si sus posturas se acercaran, si fuera posible que llegaran a pactos que beneficien a todos y que se mantengan y se cumplan a pesar de los cambios de gobernantes... quizá entonces, seríamos más felices. Sería un compartir el mando y no un deseo irrefrenable de ostentarlo. Es como si no quisieran perder el sillón.
El sillón y el poder no hacen al hombre importante. Es el hombre el que hace al sillón necesario, pero para que en él se sienten todos los ciudadanos, que al fin y al cabo son los que deben beneficiarse del buen hacer de los políticos.
Ojala y en las próximas elecciones no gane nadie. Ojala y se llegue a un pacto social entre las fuerzas importantes de este bendito país. Y los minoritarios que se agarran como garrapatas a los testículos, no sean más que eso garrapatas.
¡Si quieren gobernar que ganen algo! Que no es lo mismo que chupar la sangre de quienes tienen realmente el apoyo de los ciudadanos.
SED FELICES

12 de abril de 2010

EL SILENCIO


¿Es mejor el silencio? ¿Es preferible callar, aunque uno reviente por expulsar fuera todo lo que le consume y le amarga?
Es algo que nunca he podido dominar. Todo en mi vida sigue siempre la misma máxima (que por otro lado, muchas veces odio): Siempre digo lo que pienso, pero nunca pienso lo que digo.
Y en algunas ocasiones más me valdría callarme, porque me sirve para granjearme las antipatías de algunos y pocas veces las simpatías. Porque las palabras una vez lanzadas al aire no pueden recogerse como si fuera un yo-yo al que al tirarle del hilo volviera al punto de partida.
Y ni siquiera ese artilugio con que todos hemos jugado alguna vez y que periódicamente vuelve a aparecer para que enseñemos a nuestros hijos y nietos, en qué forma se maneja, haciendo el ridículo más espantoso, llega al punto en el que se encontraba antes de lanzarlo desde los dedos de nuestras manos.
Siempre queda un pequeño espacio que no podemos recuperar.
Por tanto, y esta noche veréis que soy escueto, ¿merece la pena el silencio o el jolgorio verborréico?
Quizá callado, se está más guapo, pero yo sigo pensando: El silencio para los corderos.
Aunque me den de trompazos.
SED FELICES.

9 de abril de 2010

UN DÍA MÁS

Una jornada que comienza realmente no tiene fijada hora. Todo dependerá de a qué hora entramos a currar. Si somos trabajadores nocturnos, diurnos o… ¿habría que decir tardiurnos? Si fuese así habría que llamar a los de Creta cretinos. Y eso no creo que esté del todo bien. O sea que dividamos simplemente en día y noche la jornada de trabajo. El caso es que de una forma u otra, a una u otra hora comienza otro día.
Y van... Ufff, casi da pereza contarlos. Además, son tantos, que sería difícil. Aunque para eso está la hoja de cálculo. Modernidades, ya no utilizamos los dedos desde hace mucho, ni el ábaco, ni el papel y el lápiz, ni sumamos de cabeza. Como mínimo la calculadora. ¿Recuerdan cuando salieron aquellos relojes que permitían hacer operaciones matemáticas? Menudo lío de botones. Aunque para lío los móviles actuales. O los PDA, ufff. Ahí confieso que me pierdo ya. Lo que sí es seguro es que son muchas mañanas nuevas, o jornadas nuevas que en eso hemos quedado. Y vamos al desarrollo de la misma.
Primero, la rutina. Vasito de agua, café, antes de todo eso la expulsión de las aguas residuales acumuladas en el organismo durante la noche... y luego, el café con leche. Y si se pone la cosa a tono, la tostada. Una buena ducha y a la calle a pelear el día.
Eso es lo que cada día hacemos, excepto sábados, domingos y fiestas de guardar. Y los pensamientos, ¡ay, malditos pensamientos! ¡Y el ombligo! ¡Maldito ombligo! Yo voy a hacer hoy... Yo voy a resolver... Yo me encuentro mal... Yo, yo, yo...
Vamos a ver. Retomemos el asunto. Te levantas y miras a tu alrededor. Ves que ha amanecido. O que está por amanecer -que ya sé que alguien dirá que todavía no ha amanecido a las 6 de la mañana o si su jornada es noctura- y todo está en su sitio. Haya o no nubes. Llueva o no. Haga más o menos frío. No te duele nada -o por lo menos nada nuevo- y tu familia aún está en la cama, pero respiran y duermen como benditos.
Y haces todo lo de todos los días, lo de todo el año... Aseo, desayuno, etc. etc. Y te miras al espejo y dices: ¡Jodío, estás más viejo, pero no demasiado! O por lo menos lo piensas aunque no sea cierto. Que también tienes derecho a imaginar que te conservas. Desayunas, te duchas, te vistes y a la calle a pelear un nuevo día.
Pero, tontarreras, sal con buen talante, feliz y optimista. Piensa: ¡Tengo la suerte de vivir un día más y ojala y que me queden muchos!
Y no te preocupes, que por muy de buen humor que salgas, ya habrá mucha gente dispuesta a amargarte el día.
Pues bueno, que sean ellos los responsables, tú no lo empieces mal porque entonces en vez de un mal día, sería un DÍA HORRIBLE.
SED FELICES.

8 de abril de 2010

¿QUÉ PODEMOS HACER?


Mi buen amigo Pepe Castillo, comentarista taurino, gran pensador y encomiable ideólogo, me envía un correo hoy en el que me insta a difundir un mensaje para intentar prohibir una película en la que se maltrata y ofende a la religión católica. Es una película titulada “Corpus Christi” en la que parece, según me cuenta, se trata a Jesús y sus discípulos como homosexuales.
Recuerdo otras películas como Jesucristo Superstar, en la que también se hizo una campaña similar, aunque eran otros tiempos, porque se tomaba la vida del Mesías como a la ligera y en un contexto que no reflejaba la realidad, la de los cristianos naturalmente, pero que era una forma de contar que Jesús fue el elegido y Judas el designado para actuar como traidor.
Luego fue otro film en el que se ofrecía a Jesús como amancebado con María Magdalena.
Y así, vamos pasando por miles de cosas, que ofenden a quienes se declaran católicos, aunque luego no obren, quizá, como debían hacerlo según sus mandamientos.
Pero esa cuestión no me pone a mí en el disparadero. Utilizar al Mesías para hablar de Messi. O un anuncio en el que con el pretexto de publicitar una marca de vermut aparecen unas monjas que bien podrían ir por una de las muchas pasarelas de moda, ataviadas de rosa, pintadas como una puerta y con un contoneo incitante. Y las faltas repetidas de respeto de muchas cadenas, cada vez más, porque así se hacen más populares, parece, en las que se parodia y se utiliza el nombre de los católicos y sus representantes y representaciones para hacer burlas y parodias.
Eso es algo que parece no vamos a poder detener. La libertad permite a quien no cree expresarse y utilizar todo eso como le venga en gana. Y es lo que dice la Iglesia cuando defiende la libertad y el libre albedrío.
Pero no es menos cierto que nosotros somos libres de no sintonizar esa cadena. O no ver determinados programas o señores que utilizan de esa forma nuestra religión.
Es tan fácil como desconectar. Y no hay que quejarse porque tenemos infinidad de canales con esto del TDT y la liberalización de la televisión.
Pero no escucho voces católicas pidiendo que quien tiene que ir a la cárcel, vaya (No robarás. No matarás. No desearás a la mujer de tu prójimo…), que quien falta a la verdad tenga que rendir cuentas (No mentirás). Y mucho menos que nadie sea criticado cuando falta a cualquiera de los deberes religiosos que tiene cuando se declara de una confesión determinada.
Y mucho menos cuando peca por gula, envidia… esos son capitales, pero también pecados, ¿no?
Ya vendrá a cada cual y según sus creencias a pedir cuentas. Nosotros después de todo, tenemos otros problemas más gordos que ponernos a luchar como don Quijote contra molinos de viento.
Y me duele, pero a ver qué hago.
SED FELICES.

7 de abril de 2010

OTRO DÍA MÁS

Hoy quiero haceros partícipes de mi desconsuelo. Ha llegado un momento en esta Voz Silenciosa que os siento tan cerca que no tengo más remedio que compartir con vosotros mis sentimientos.
El ser humano se mueve por sentimientos, por inclinaciones, por instinto… Es algo que no puede evitar, salvo que sea un pusilánime o un miedoso. De eso no tiene la culpa, después de todo se nace de una forma y no es tan fácil superar los defectos de carácter. Aunque algunos no son congénitos sino que se crean por el trato recibido o por la falta de cariño… o por todas esas chorradas que dicen los médicos especializados y que algunas veces, pienso, no son más que una forma de ganarse la vida de quienes a eso se dedican. A curar mentes. Como si la mente se curara tan fácilmente. Aunque no deja de ser algo parecido al médico que cura las enfermedades del cuerpo. Si tiene solución, pues se puede arreglar, pero si no… ya puede ser el galeno un superarchimaravilloso, te vas pallá.
Pero algunas personas, como yo, no es que seamos especiales, es que somos tontos. Y nos metemos en jardines y en charcos que ni nos van ni nos vienen. Con lo bien que estamos preocupándonos de nuestras cosas y… hala, nos embarcamos en las de los demás con la sana intención de hacer el bien y procurar la felicidad de quien creemos lo necesita.
En estos últimos días he aprendido que lo mejor es dejar que cada uno haga lo que crea más conveniente y solucione sus cosas a su manera y forma. Porque si intentas meterte en medio, con toda la buena intención que quieras, terminas perdiendo el pan y el perro.
Y eso es triste. Muy triste. He aprendido la lección. Creo. Pero eso mismo sentí muchas veces en esta vida y al final volví a hacer el imbécil. Porque después de todo así me siento. Como un imbécil que se cree algo y no es más que un pobre ser humano maltratado por su propia culpa.
Vosotros, seguid como sois y no os compliquéis la vida. Pero si hay que dar hasta el alma por alguien, haced como este imbécil. Seguid dándola aunque os muelan luego a palos.
SED FELICES.